Shipbreakers

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A los 30 años un buque de carga debe dejar de navegar. Entonces se convierte en un problema. La ley dice que se debe desguazar en un puerto controlado, separar los residuos contaminantes y reciclar los materiales. Eso parece lo lógico, pero es caro, muy caro. Cada año, cientos de barcos esquivan este destino y son vendidos a peso a un intermediario, que a su vez contrata a un capitán que lo embarranca en las costas de Bangladesh, India o Pakistán y posteriormente lo vende como chatarra a un empresario local, que posee, además de un trozo de playa contaminada, un ejercito de semiesclavos que convierte el barco en acero utilizable para la construcción.
Aquí, cientos de hombres, descalzos, con apenas ropa, se afanan en desguazar con herramientas precarias o con sus propias manos los barcos caducados. Por el equivalente de un euro al día, malviven en las cercanías, en barracas construidas con los restos no vendibles de los navíos, sin acceso a agua corriente ni electricidad. Los accidentes mortales son habituales.

Este negocio genera mucho dinero, muchísimo, por lo que la legalidad de lo que pasa aquí no es tema de discusión. La contaminación medioambiental y la vulneración de los derechos humanos, se obvia.
Las fotos de los desguazadores en la playa están hechas en Bangladesh, las de los trabajadores en sus viviendas, en India.

El reportaje lo realicé con la periodista Ana Gabriela Rojas, y en su momento pudimos contar mas de 70 barcos varados en las playas de Chittagong, en Bangladesh y más de 200 en las de Gujarat, India.

Este reportaje se publicó en El País Semanal.

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